Algunos hábitos que empobrecen

Existen algunas prácticas que, aunque son bastante comunes y parecen inofensivas, pueden alterar significativamente el bolsillo si se convierten en costumbre. A todo esto, la mayoría de estas actitudes no están orientadas propiamente a los gastos excesivos, más bien todo lo contrario. En momentos de escasez y poco presupuesto se pueden adoptar ciertos hábitos erróneos que, en vez de ayudar, impactan negativamente la economía personal.

Para ilustrar, una frase típica entre muchos de los consumidores que prefieren realizar sus compras a través del crédito es “si lo pago a plazos ni me voy a enterar”. Esta modalidad de pago abate las finanzas personales en la medida en que se termina asumiendo un coste mayor del bien o servicio adquirido, gracias a los intereses y cargos por financiamiento. Adicionalmente, si hay morosidad se corre el riesgo de afectar el historial crediticio personal, o si se incurre en impago se podrían perder los bienes adquiridos en caso de haber sido tomados como garantía.

Otros pensamientos comunes son “X está rebajado un Y%” o “si cambio de idea puedo devolverlo”. Estas son justificaciones de las compras compulsivas, otro hábito que “empobrece” y va en contravía del ahorro, aunque contradictoriamente se crea a veces que se va a ahorrar más si se aprovechan los descuentos.

Por una parte, las compras por impulso se relacionan directamente con el hábito anterior, dado que en muchas ocasiones los consumidores en el afán de “no dejar escapar” cierto bien realizan el pago a través del crédito por no tener en el momento el dinero en efectivo; por otra, los productos que adquieren espontáneamente son en gran medida de bajo precio, pequeños, de fácil consumo, y en conclusión, innecesarios.

De otro modo, es conveniente evitar los llamados payday loans, préstamos personales o préstamos para llegar a fin de mes. Aunque son útiles en casos de emergencia o en los que se necesite liquidez inmediata pueden resultar un dolor de cabeza si se abusa de ellos, en especial si conllevan el pago de intereses.

Ignorar el saldo de la cuenta también es un craso error porque, aparte de que la persona pueda encontrarse de repente sin dinero, se puede producir por descuido un descubierto en la cuenta que incurrirá en importantes comisiones bancarias. De este modo, lo recomendable es supervisar el saldo de modo frecuente y llevar una anotación de ingresos y gastos.

Y existen más prácticas que aunque parece que persiguen la economía en realidad no contribuyen al ahorro, como por ejemplo llenar el depósito del vehículo con lo mínimo cuando en realidad esto implica un gasto de tiempo y de combustible en desplazamientos hacia la gasolinera, además de una mayor evaporación del mismo.

En suma, lo ideal es llevar un registro contable de la actividad financiera y por supuesto evitar este tipo situaciones que van en menoscabo del ahorro, pues una vez convertidas en hábitos impedirán el crecimiento del capital.