Seguridad energética, ¿qué significa?

En términos generales, el concepto seguridad energética hace referencia a la necesidada de algunos estados de garantizarse los suministros de petróleo, gas o carbón ya que no cuentan con recursos energéticos propios como para poder cubrir la demanda. A esta idea básica se une también la de la reducción de la dependencia de los países exportadores de hidrocarburos a través del desarrollo de fuentes de energía alternativas. Esto se debe fundamentalmente a que en la actualidad los combustibles fósiles siguen siendo capitales en la producción de energía o en la automoción y éstos se hayan concentrados en determinados puntos del planeta, mientras que en otros los yacimientos son escasos.

Así, los Gobiernos han determinado que uno de sus objetivos es garantizarse principalmente el suministro de hidrocarburos para la producción eléctrica y para la automoción. Para ello es de suma importancia la diversificación en origen de los recursos. España es sumamente dependiente del gas natural que llega desde Argelia, pero en cualquier otro caso sería aún más dependiente del gas ruso que ha de atravesar todo el continente europeo antes de llegar a nuestro país.

Otro ejemplo se ha visto a raíz de la prohibición decretada por la Unión Europea de comprar petróleo iraní. España, antes de las sanciones, importaba de Irán más del 14 por ciento del total de compras de crudo. Sin embargo, al tener otros proveedores se pudo negociar con tiempo el elevar las partidas que provenían de Arabia Saudí. No obstante, y a raíz de la guerra del Yom Kippur de 1973 y de la elevación de los precios del petróleo por la OPEP, todos los países cuentan con reservas de hidrocarburos para 90 días con lo que el desabastecimiento de un mercado nacional es difícil salvo en circunstancias extraordinarias. Los que quieren tener la tarjeta Repsol también saben de lo que hablan.

A parte de la diversificación en cuanto a los proveedores, es también capital la diversificación en cuanto a las fuentes de energía. Por un lado, cuanto menos sea un país dependiente del petróleo y del gas natural que no tiene menos tendrá que pagar a los proveedores. Pero, por otro lado, es cierto que el desarrollo tecnológico que requieren determinadas fuentes alternativas es caro y esto termina repercutiendo en el precio de la energía. Por ello, el Gobierno debe equilibrar la reducción de la dependencia exterior con la contención en la subida de los precios.

Pero, la seguridad energética se traduce también en proteger los sistemas y redes de transporte de estos recursos entre su punto de origen y el consumidor o las redes eléctricas españolas. La famosa operación Atalanta de lucha contra la piratería en el mar Rojo y el estrecho de Adén pretende asegurar el tránsito libre de buques a través del Canal de Suez desde y hacia el Mediterráneo. Naves, por ejemplo, como los petroleros que transitan desde el golfo Pérsico hacia las costas meridionales de Europa. Común en la industria petroquímica.

Dentro de este concepto se engloban, por tanto, cuestiones de seguridad convencional como la protección de infraestructuras (centrales nucleares, eléctricas, gasoductos, etc.), militares, diplomáticas y empresariales con lo que la seguridad energética termina implicando a multitud de actores diferentes exigiendo de los gobiernos una labor importante de coordinación y mediación entre ellos.

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